lunes, diciembre 24, 2012

Feliz Navidad

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La adoración de los pastores, El Greco (1612-1614), Museo del Prado

El nacimiento de Cristo y la adoración de los pastores en versos de Juvenco

     Urbs est Iudaeae, Bethlem, Davida canorum
Quae genuit, generis quae censum iure petebat.
Edidit hic Mariam Davidis origine Ioseph
Desponsamque sibi scribens gravidamque professus.
Hospitio amborum Bethlem sub moenibus urbis
Angusti fuerant praeparva habitacula ruris.
Illic virgo novo completa in tempore fetu
Solvitur et puerum veteri cunabula textu
Involvunt duroque datur praesepe cubili.

     Circa sollicitae pecudum custodia noctis
Pastores tenuit vigiles per pascua laeta.
Ecce Dei monitu visus descendere caelo
Nuntius, at subitus terror tremefacta pavore
Prostravit viridi pastorum corpora terrae.
Talis et attonitis caelo vox missa cucurrit:
«Ponite terrorem mentis, mea sumite dicta,
Pastores, quibus haec ingentia gaudia porto.
Nam genitus puer est Davidis origine clara,
Qui populis lucem mox laetitiamque propaget.
Hoc signum dicam, puerum quod cernere vobis
Iam licet implentem gracili praesepia voce.»
Talia dicenti iunguntur milia plebis
Caelestis cunctique Deum laudantque rogantque,
Talis et uniti vox agminis aera complet:
«Gloria supremum comitetur debita patrem,
In terris iustos homines pax digna sequatur.»
Et simul his dictis caeli secreta revisunt.

     Pastores propere veniunt puerumque iacentem
Praesepis gremio cernunt; post inde frequentes
Dispergunt late celeris vaga semina famae.
Mirantes laudant, laetantes constipuerunt;
Omnia nocturnis monitis quod vera recurrant.

Iuvencus, Libri evangelicorum quattuor I, 149-180


     Una ciudad hay en Judea, Belén, que al canoro David
Engendró, que por ley reclamaba el censo de los en ella nacidos.
Aquí José, de la estirpe de David, declaró a María,
Inscribiéndola como su esposa y manifestando su preñez.
De albergue de ambos, al pie de las murallas de la ciudad de Belén,
Había servido un pequeñísimo refugio de su estrecho campo.
Allí la Virgen, habiendo cumplido su tiempo, de su prole singular
Se libera, y una cuna con trapos viejos al Niño
Envuelve, y un pesebre le dan como duro lecho.

     Alrededor, en la inquietante noche, la guarda de sus ganados
Mantuvo vigilantes a los pastores en los fértiles pastos.
He aquí que por orden de Dios fue visto descender del cielo
Un mensajero suyo; y un terror súbito, temblando de miedo,
Postró los cuerpos de los pastores en el verdor del suelo.
Y hasta ellos, asombrados, se deslizó enviada desde el cielo una voz tal:
“Alejad el miedo de vuestra mente, haceos cargo de mis palabras,
Con las que traigo esta inmensa satisfacción, pastores.
Pues ha nacido un Niño de la preclara estirpe de David
Que a los pueblos transmitirá pronto luz y alegría.
Esta señal os indicaré: que ya podéis ver al Niño
Llenando un pesebre con su delicada voz”.
Al que dice tales cosas se le unen miles de habitantes
Del cielo, y todos alaban y ruegan a Dios.
Y estas palabras de la tropa reunida llenan los cielos:
“La gloria debida acompañe al Padre Supremo,
En la tierra una merecida paz siga a los hombres justos”.
Y al tiempo de hablar vuelven a sus apartadas moradas celestiales.

     Los pastores llegan rápidamente y al Niño que yace
Al abrigo del pesebre reconocen. Después, desde allí muchos
Difunden por doquiera las semillas andariegas de una noticia que vuela.
Con admiración lo elogian, con alegría quedaron estupefactos.
Porque toda la verdad remite a las predicciones de la noche.
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